Fue hija de Asdrúbal Giscón, uno de los tres generales del ejército púnico en Iberia y hermana de Magón Giscón, defensor de Cartagena contra las Hordas romanas. Esta princesa tuvo un papel muy destacado en la
historia de Carthago.

 

La alianza en España del númida masilio Massinisa, (educado en Carthago y amigo personal de Asdrúbal y Magón Barca), se hacía cada vez más débil por la ausencia de los cachorros de Amílkar en la Península, por lo que poco a poco Scipión lo atrajo con malas ares a su bando. Asdrúbal Giscón, padre de una muchacha de inusual belleza, consiguió atraer al númida masesilio Sífax, rival de Masinissa hacia el bando púnico después de haberlo derrotado en una gran batalla frente a Carthago la africana. Con un matrimonio de estado con su hija, el púnico forjó una gran alianza con el pueblo númida que compensaría la deserción de Masinissa. En el año 204 adC, Sofonisba y Sifax unían sus destinos.
 

Sin embargo, La bella joven y Masinissa estaban enamorados desde muy jóvenes en secreto desde que siendo niños convivieron en los colegios de nobles Carthagineses. Cuando los romanos desembarcaron en África, Asdrúbal Giscón y Sifax armaron un poderoso ejército bien pertrechado pero mal entrenado que se enfrentó en la batalla de las grandes llanuras al formidable ejército romano de Cayo Lelio, experimentado en las campañas contra Magón y Asdrúbal en Iberia. La derrota fue brutal, y si bien el hábil Giscón pudo escapar con los suyos, Sifax sufrió la peor parte, siendo totalmente derrotado, invadido su territorio real y hecho prisionero.
 

El primero en llegar a la corte fue Masinissa, eterno rival de Sifax, que se apresuró a buscar a Sofonisba, su amada y tomarla instantáneamente por esposa, temeroso de que los romanos quisieran hacerla prisionera y esclava. Durante un tiempo los esposos fueron felices y en Carthago esperaban recuperar la alianza del númida, con cuya caballería habían ocasionado los más duros golpes al ejército romano, pero Scipión, temeroso de esta nueva alianza de Masinissa y alertado de que fue por ella por la que Sifax cambió hacia los púnicos exigió su entrega como botín de guerra, para encadenarla y ser vendida como esclava a Roma. Masinissa desesperado al perder lo que tanto tiempo había deseado, se negó de forma tajante y preparó a sus fieles jinetes para una confrontación con Roma, sin embargo tanto él como Sofonisba sabían que poco podían hacer los jinetes númidas sin ayuda contra las legiones romanas, cada vez más numerosas y despiadadas en suelo africano preparadas para dar el combate definitivo en Carthago. Aníbal aún no había regresado de Roma y poco podían confiar los númidas libios en su ayuda, por lo que la bella Sofonisba decidió no ser un estorbo y se quitó la vida envenenándose antes de que la unidad romana que iba a capturarla llegara a enfrentarse con los primeros númidas. Masinissa, destrozado no pudo romper su alianza con Roma, lo que le llevó a la supervivencia de su pueblo después de la caída de Carthago e hizo enterrar a su esposa con lo s honores de la reina que se sentó en un trono tan efímero. Scipión no pudo disfrutar del cautiverio de la bella carthaginesa. Era el año 202 adC. La literatura y el cine han recreado numerosas veces esta triste historia, destacando una de las primeras películas mudas con decorado masivo, Cabiria.

Sofonisba