Hijo de Giscón, fue un buen oficial púnico que nunca habría pasado a la historia de no ser por su importante papel en la batalla que acabó con Cartha-Hadast y creó la Carthago Nova romana.
 

Era el hermano menor de un importante general Carthaginés: Asdrúbal Giscón, el jefe del ejército púnico del centro de la península. A veces la historia bromea con nosotros y nos presenta en la misma época confusiones con esta, Magón Giscón y Asdrúbal Giscón comparten el protagonismo de estos años con Magón Barca y Asdrúbal Barca, quizás los espías romanos se volvieran locos algunas veces por esta coincidencia de nombres. Nosotros no debemos confundirlos.


De Magón Giscón nos llegan datos sobre su astucia (cualidad habitual entre todos los oficiales púnicos) y su experiencia guerrera, ya que aunque nadie relata cuáles fueron las batallas en las que participó sí pensamos que estaría encuadrado en el ejército de Asdrúbal Giscón, que guerreó por África y España. Mucho hubo de confiar en él su general Magón Barca para dejarlo al mando de Cartha-Hadast con una guarnición de mil escasos hombres para defender la ciudad más codiciada de esa guerra.


Aún así, Magón Giscón estaba confiado de sus posibilidades de frenar a las legiones, como lo demuestra el hecho de que realizara una audaz salida enpleno sitio de la ciudad con mil hombres bien armados y que hiciera retroceder durante algún tiempo a los 25.000 romanos con una proporción en contra de 25-1.


Sin embargo hubo de retroceder hacia las puertas de las murallas debido a la presión del numeroso y bien entrenado ejército romano, y confiar en las famosas murallas. La experiencia le daba ciertas expectativas, puesto que las fortificaciones, hechas a semejanza de Carthago en África o Siracusa en Sicilia, avalaban una perfecta resistencia al sitio. Todo a pesar de haber perdido la flota tontamente unos años antes en una desafortunada maniobra de su hermano Asdrúbal y el almirante Himilcón en el Delta del Ebro.
 

La marea baja, combinada desafortunadamente para los púnicos, con una sequía estival muy fuerte y los fuertes vientos de Levante, hicieron que la laguna que rodeaba la ciudad estuviera casi seca, y Scipipón, informado por sus espías hizo cruzar a un numeroso destacamento por una zona donde apenas cubría el agua, y por un baluarte sin vigilancia treparon entrando en la ciudad. Una vez dentro, la superioridad numérica y las barbaries cometidas por
los romanos (acuchillaban hasta los perros) hicieron que la población se rindiera.


Nadie habla del número de bajas que los mil de Magón infringieron a los romanos en la batalla, pero debieron de ser muy numerosas a juzgar por los datos que tenemos de la salida como de los dos días de asaltos infructuosos a la muralla ante una férrea defensa púnica. Esto nos da una idea de la preparación y determinación de morir resistiendo de los soldados púnicos. A lo largo de su historia los enemigos tomaban sus ciudades después de haber tenido que matar a todos sus defensores.


Una vez que Magón vio que no podía hacer frente a las legiones dentro de la ciudad se retiró a la ciudadela o castillo fortificado (lo que hoy es el parque Torres), resistiendo nuevamente los asaltos romanos, esperando la llegada del ejército de Magón Barca, que se ponía en movimiento hacia el Norte, sin embargo, una vez más, la ausencia de flota hizo que sus posibilidades se acabaran. Pidió seguridad para él y los suyos y se rindió.
 

Mucho hubo de apreciar el joven Scipión la bravura del púnico, puesto que cumplió su palabra y ordenó que se tratase con honores a los derrotados, los envió a las naves de Cayo Lelio junto con el abundante botín y los envió a Roma, donde Magón fue confinado en una finca de la Italia Central. Aquí se le pierde la pista, pero años después, una vez terminada la guerra hubo intercambio de prisioneros entre los dos bandos, e imaginamos a un Magón Giscón regresando libre a su patria, quizá uno de los pocos protagonistas de la historia púnica que acabó la aventura con vida.
 

La del púnico es, sin duda una de las más importantes figuras de la historia de Cartagena.

Magón
Giscón